miércoles, 27 de agosto de 2014

El Islam es una religión de la decapitación



El aserto del título, no es mío- so pena de ser acusado de islamófobo- sino una paráfrasis de lo expresado por un integrante salafista de Al Qaeda que utiliza el seudónimo de Sheik Hussein Bin Mahmoud, conocido escritor que publica en foros yihadistas, quien en un artículo que tradujo The Middle East Media Research Institute (MEMRI) el 26 de agosto, manifestó su apoyo a la abominable decapitación del periodista estadounidense James Foley por parte de un miembro del Estado Islámico (ISIS).
Para justificar el horrendo crimen que se vio por vídeo y estremeció a Occidente, Hussein Bin Mahmoud invoca el versículo (sura) 4:7 del Corán que dice en su comienzo: “Cuando te encuentres con los no creyentes, (en la batalla) golpea sus cuellos hasta despedazarlos”. Cabe señalar que en el rango de no creyentes o infieles, se encuentran todas las religiones que no creen en Alá y su profeta Mahoma.
En el foro Shumoukh Al-Islam, Bin Mahmoud escribió el 21 de agosto, que la decapitación era una forma efectiva para aterrorizar a los enemigos del Islam y subrayó que en virtud de la ley islámica, la Sharia, Foley era un harbi, es decir un no musulmán cuya vida no estaba salvaguardada por un acuerdo de protección.“La decapitación  de un  harbi  infiel es un acto bendito por el que se recompensa a un musulmán”. Sostuvo además que el Islam permite y fomenta ese tipo de actos, ya que es una religión de guerra y lucha.
Leer algunos extractos de la nota de Hussein Bin Mahmoud, causa estremecimiento pero posibilita comprender cabalmente la ideología de los radicales islámicos. “Cortar la cabeza de los infieles es un acto cuya licitud la umma (comunidad de creyentes del Islam) acuerda”. “Los estudiosos están de acuerdo sobre la materia en cuestión y la transferencia de la cabeza del degollado de un lado a otro, viajar con ella y llevarla a su alrededor”. Tras aclarar que él se opone a matar musulmanes, Bin Mahmoud continúa: “En cuanto a decapitar infieles judíos, cristianos y alauitas, así como los chiítas apóstatas, que cometen crímenes contra los musulmanes, deben ser aterrorizados, llenados de temor y decapitados sin ningún respeto. El corte de cabezas es parte de la tradición de los Compañeros del Profeta.  En el Corán Allah ordenó  cortar los cuellos de los infieles, y alentó a los musulmanes a hacer esto.” 
“Cuántos hadices (narraciones, relatos, relaciones de los hechos y máximas de Mahoma transmitidos por intermediarios fidedignos)  retransmitidos por los Compañeros del Profeta que leemos leído, exigían cortar los cuellos de ciertos hombres y el Profeta no lo condenaba. Degollar era un asunto bien conocido que no suscitó ninguna condena en las eras del Profeta, de los Califas bien guiados y sus sucesores, hasta el momento de la ocupación cristiana de la tierra de los musulmanes en el siglo XX. Esos cruzados combatieron los conceptos jurídicos islámicos, distorsionaron la religión y convencieron a los musulmanes, que la suya es una religión de paz, palomas, amor y armonía y que no hay sangre en ella, de no matar y no pelear. Los musulmanes permanecieron en ese estado hasta que Alá revivió la tradición de la decapitación por medio del mujahid y matarife Abu Musab Al- Zarqaui, que Alá tenga misericordia de él y lo acepte como mártir”. Zarqaui, un asesino a quien se glorifica, fue un terrorista jordano salafista de Al-Qaeda sindicado de haber decapitado en 2004 al contratista civil americano Nick Berg, y otro civil de la misma nacionalidad, Eugene Amstrong, en septiembre del mismo año en Irak. La saga de decapitados por fundamentalistas islámicos, incluyó a personas de diferentes nacionalidades y credos, como el americano Jack Hensley, el coreano Kim Sun- il, los ciudadanos búlgaros Georgi Lazov e Ivalo Kepov, el turco Dumus Kumdereli, el británico Ken Bigley y el japonés Shosei Koda.  La horrenda metodología para asesinar, fue utilizada también en 2002 por el grupo  yihadista punjabi Lashkar-e-Jhangvien Pakistán, para degollar, después de torturarlo ferozmente por su doble condición de americano y judío al periodista de The Wall Street Journal, Daniel Pearl.

Fastidioso a raíz de la condena de la comunidad internacional al ISIS por el abyecto crimen del reportero norteamericano James Foley, Bin Mahmoud se explayó. “No sé que decir. Mi mente está perpleja por las palabras que he leído y oído de la gente que no sé cómo describirlo!! Millones de musulmanes han sido asesinados, torturados y expulsados de sus hogares; decenas de miles de mujeres musulmanas han tenido su honor violado y han sido objeto de abusos sexuales por parte de los americanos y todavía la gente está llorando por un cristiano americano harbi infiel que entró en el Estado Islámico, sabiendo lo que el Estado Islámico es y sin un pacto de protección. ¿Se supone que los soldados del Estado Islámico iban a acariciar en la espalda a este americano harbi y sonreírle? Todos los estudiosos, sin excepción, están de acuerdo sobre la permisividad de matar a un harbi infiel y están de acuerdo en que su sangre y propiedad son un blanco legítimo. La mayoría de ellos también están de acuerdo sobre la permisividad de matarlo si él es hecho prisionero. Entonces, ¿de dónde viene la condena al ISIS? Que sepa la gente que cuando un harbi entra en la tierra del Islam, sin un pacto legal, su propiedad su vida y su progenie, son víctimas fáciles.”
En lo que parece un mensaje dirigido a los musulmanes moderados, Bin Mahmoud, aseveró: “Muchos musulmanes están influenciados por los falsos puntos de vista de Occidente y sus ideas repulsivas, que se exportan a la nación islámica para debilitarla y cambiar la percepción de su juventud para que se conviertan en cobardes subyugados y abandonen los medios de poder y terror y así crear una generación que no conoce la lucha o el corte de cuellos. Realmente hemos visto algunos que se consideran eruditos mezclando las cosas y engañando a la nación, cambiando los conceptos de la ley islámica para encajar los planes de los enemigos. No sabemos si lo hicieron por ignorancia sobre algunos de los principios de la ley islámica, o mentían.”

Bin Mahmoud pasa a citar una larga lista de textos que, según él, demuestran que el Islam es una religión de derramamiento de sangre y aprueba la decapitación como medio de aterrorizar al enemigo.
Luego enfatiza una vez más que el Islam no es una religión pacífica, ya que su esencia es la yihad y el martirio.
"La verdad es que lo que distorsiona la imagen del Islam no es la decapitación y aterrorizar a los infieles, sino más bien aquellos que quieren que el Islam siga el camino de Mandela o Ghandi, con los no matar, luchar, brutalidad, derramamiento de sangre o el llamativo corte de cabeza o cuello. No es la religión del hijo del Profeta Muhammad, Abdallah quien fue enviado a luchar con la espada hasta el día del juicio. La Sura coránica que lleva su nombre, Sura Muhammad, también se llama “La sura de la pelea”.

"El Islam es una religión de energía, lucha, yihad, decapitación y derramamiento de sangre, no es una religión de ofrecer la mejilla izquierda a quien lo golpeó en la mejilla derecha. Por el contrario, es una religión de romper la mano que se estiró para humillar a los musulmanes. Cualquier musulmán que lucha por su propiedad, la sangre o el honor es un mártir.

"En el Islam, Turismo significa jihad en el nombre de Alá... No hay verdadera vida para sus creyentes excepto a través de la yihad, y es la meta de sus combatientes  morir por su religión..."
Luego enfatiza una vez más que el Islam no es una religión pacífica, ya que su esencia es la yihad y el martirio.  
Como espeluznante corolario, concluye que "el Islam es una religión de la decapitación".
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Rubén Kaplan

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