viernes, 31 de diciembre de 2010

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A mediados del siglo XX se tachó a todo alemán viviente de ser nazi, aun después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. A muchos se los trató como los “verdugos voluntarios de Hitler”, tal como se tituló un libro de historia de Daniel Goldhagen. Sin embargo, ya en la década del 30, se gestó un movimiento de alemanes antinazis que buscó en diversos escenarios del planeta apoyo y solidaridad no sólo para combatir al régimen sino para vivir dignamente. Ese fue el caso de un grupo de emigrados de Alemania que llegaron a la Argentina y que fundaron la agrupación Das Andere Deutschland (DAD, “la otra Alemania”) que formó parte de una regional sudamericana y realizó un multitudinario congreso en Montevideo en enero de 1943.

En el libro Alemanes antinazis en la Argentina (Siglo XXI), Germán Friedmann se dedicó a bucear en el mundo alemán de la Argentina mientras gobernaba el Führer en Alemania.A fines de los años 30 y principios de los 40, los miembros de la DAD decían representar la “verdadera Alemania”, aquella caracterizada como tolerante y humanista. Pero, dado el contexto, se dedicaron a forjar la identidad alemana antinazi.

De todos modos, en el contexto local también encontraron resistencias cuando se trataba de dirimir cuál era la verdadera Alemania. Aunque en niveles ínfimos, los antinazis eran perseguidos. Explica Friedmann: “Muchos fueron despedidos por sus empleadores alemanes (adhirieran éstos al nazismo por convicción o conveniencia) o expulsados de distintas asociaciones que habían sido nazificadas. Esto también era padecido por algunos alemanes que no eran antinazis pero que sí eran judíos (o por lo menos considerados judíos por los nazis) percibidos por la ideología nacionalsocialista como personas que estaban por fuera de la nación alemana.” La DAD ayudó a generar lazos solidarios entre quienes se encontraban en una tierra desconocida para los alemanes. Allí se reunían personas de diversas procedencias ideológicas y pertenencias partidarias. Exiliados políticos alemanes y austríacos opositores al nacionalsocialismo que pertenecían a una amplia constelación de fuerzas de izquierda, germanoparlantes previamente establecidos en la Argentina de distintas extracciones políticas, sociales y religiosas. Friedmann sostiene que “su heterogeneidad se puede apreciar por ejemplo en el manifiesto fundacional de la agrupación, firmado entre otros por Erich Bunke, militante comunista en Alemania y la Argentina, y padre de Tania la guerrillera, que murió en Bolivia peleando junto al Che; y Ernesto Alemann, padre de Roberto y Juan Alemann, quienes no murieron en Bolivia peleando con el Che...” ¿Qué implicó el fin de la guerra y la caída de Hitler, tanto para nazis como antinazis en la Argentina? Ante el inminente desenlace del conflicto, en 1945, el gobierno argentino declaró la guerra al Eje. Por lo que los alemanes se transformaron en ciudadanos de un país formalmente enemigo, con todas las complicaciones del caso. Desde septiembre de 1945 fueron confiscadas sin distinción tanto las instituciones alineadas al nazismo como otras antinazis. La derrota del Tercer Reich y las revelaciones sobre sus crímenes obligaron a los germanoparlantes a replantearse su relación con Alemania. Ante la declaración de guerra y las consiguientes perspectivas de deportaciones y expropiaciones, muchos acentuaron su nacionalidad argentina o su origen austríaco. En otros casos, la exclusión repentina de Alemania y de la comunidad alemana en la Argentina por parte del nacionalsocialismo, la revelación del asesinato sistemático de millones de judíos en Europa, y la creación del Estado de Israel, provocó la disolución de la identificación cultural alemana y el fortalecimiento de la identidad judía.Clarin.com

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