miércoles, 28 de abril de 2010

: Benedicto XVI y los judíos: Quinto aniversario de un pontificado controvertido


Por Julián Schvindlerman

Comunidades 21/4/10
En lo que a las relaciones con los judíos y al estado judío refiere, desde que asumió el Trono de San Pedro en abril del 2005, Joseph Ratzinger ha básicamente dado continuidad a la política de su predecesor. Al igual que Juan Pablo II, el actual Sumo Pontífice de la Iglesia Católica ha visitado sinagogas (Colonia en 2005, Nueva York en 2008, Roma en 2010), ha viajado al campo de la muerte Auschwitz-Birkenau en 2006, y ha estado en Israel en 2009 reafirmando los lazos diplomáticos establecidos por la Santa Sede quince años antes.
No obstante, algunos de estos acontecimientos significativos fueron empañados por gestos, palabras u omisiones que incomodaron a las audiencias judías. Al visitar Auschwitz, por caso, el Santo Padre evitó caracterizar a la Shoá explícitamente como un crimen del pueblo alemán contra los judíos, atribuyéndolo en su lugar “a un grupo de criminales que alcanzó el poder mediante falsas promesas”. Unos años después -en vísperas del Día Internacional del Holocausto, en enero de 2009- el Papa levantó la excomunión que pesaba sobre cuatro obispos ultra-tradicionalistas opositores a las reformas del Concilio Vaticano II; entre ellos la de un obispo británico negador del Holocausto. A finales del mismo año, el Papa hizo venerable a Pío XII, facilitando así su proceso de beatificación. Benedicto XVI visitó sinagogas en las que dijo cosas agradables a los oídos judíos, pero a mediados de 2007 emitió un Motu Proprio en el cuál validó el uso del Rito Tridentino del Viernes Santo de 1962, titulado Pro Conversione Iudaeorum. Incluso su peregrinaje a Tierra Santa no estuvo exento de polémica, el que a su vez era precedido por la decisión vaticana de respaldar la muy cuestionada Conferencia de la ONU contra el Racismo celebrada en Ginebra un mes antes de la visita papal a Israel y de la polución diplomática creada por un vocero vaticano al tildar a Gaza como un “gran campo de concentración” durante la contienda última allí.
Es cierto que aún bajo el pontificado de Juan Pablo II las relaciones con el pueblo judío no fueron idílicas, pero el presente Papado parece haber desarrollado una habilidad especial para crear problemas innecesarios o agravar los preexistentes. Incluso cuando Roma se encontraba aquejada por una crisis institucional mayúscula, abarcando a cientos de sacerdotes pedófilos en decenas de países, protegidos durante décadas por una cultura de encubrimiento escandalosa que indignó a buena parte de la cristiandad, de algún modo, sorprendentemente oficiales vaticanos se la ingeniaron para enredar al pueblo judío en la polémica; abriendo así un nuevo frente enteramente incongruente.
Primero fue la frase atribuida públicamente a un judío anónimo, tomada de una carta citada por el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, pronunciada en presencia de Benedicto XVI durante la Pascua cristiana, en la que comparó las críticas a la Iglesia con “los aspectos más vergonzosos del antisemitismo”. Un vocero vaticano debió aclarar que la comparación “absolutamente no es la línea del Vaticano y de la Iglesia Católica” y el propio predicador papal se vio obligado a emitir una disculpa pública al poco tiempo. Sin embargo, lo absurdo de la comparación no pasó desapercibido: “¿Por qué desearía la Iglesia Católica defenderse por medio de una referencia a otras enormidades en las cuales también estuvo implicada?” preguntó el comentarista estadounidense Leon Wieseltier.
Luego comenzó a trascender que en ciertos círculos católicos había (re)emergido la idea del legendario complot judío. En medio del lío, el diario italiano La Repubblica informó que fuentes católicas culparon al “lobby judío de Nueva York” de agrandar el escándalo, y unos días después el diario británico Guardian atribuyó al obispo emérito de Grosseto, Giacomo Babini, haber expresado que dado lo “poderoso y refinado” de la crítica anti-papal, un “ataque sionista” estaba detrás de la misma. La Conferencia Episcopal italiana emitió un comunicado en el cuál Babini negaba haber dicho tal cosa, pero la existencia de previas atribuciones a su creencia de que los judíos explotan el Holocausto no contribuyó a que su desmentida fuese tomada seriamente. A su vez, el propio cardenal Sodano equiparó los cuestionamientos al Papa con “las batallas del modernismo contra Pío X” y “la ofensiva contra Pío XII por su comportamiento durante el último conflicto mundial” entre otros casos.
Un lustro es apenas un granito en las arenas del tiempo, y la política vaticana ciertamente debe ser evaluada en perspectiva histórica. Para la política internacional, sin embargo, luce como un período razonable de tiempo para legítimamente forjar una noción del devenir de los hechos. Será justo postular que la política vaticana hacia los judíos bajo Benedicto XVI por ahora es ambivalente.

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